TLC, LO QUE NOS ESPERA.
El tratado de libre comercio, TLC, no solamente se refiere al comercio entre EEUU y Perú, sino que también es un tratado de inversión – claro se refiere a las inversiones que harán los estadounidenses o sus empresas, o sus socios, en el Perú.
Ante todo, las materias y los resultados del Tratado de Libre Comercio se han mantenido ocultos a la opinión pública y a los afectados. El documento de más de 1000 páginas, de tediosa lectura, para el común de las gentes, es prácticamente desconocido y lo más probable es que solamente se lleguen a conocer sus generalidades, pero no los aspectos fundamentales de la negociación. Esas generalidades son: Habrá más trabajo para más peruanos, vamos a vender más, los peruanos nos beneficiaremos, tendremos a nuestra disposición el mercado de la mayor potencia del mundo. Ya sabemos que de esas generalidades no se nutrirá el poblador rural que vive en extrema pobreza, ni aquel que vive desconectado de la realidad citadina, compensarlos rápidamente y con urgencia es un imperativo moral del Estado.
UNA SUPRA LEGISLACION Y EL DERECHO CONSUETUDINARIO
El Tratado estará por sobre nuestra Constitución, ya que Estados Unidos le otorga mayor jerarquía que a las leyes nacionales. Por ejemplo, si llegaran a existir disputas respecto a algunos de los puntos que abarca el acuerdo, los norteamericanos pueden demandar al Estado en tribunales extranjeros, regidos por el Derecho Consuetudinario. Sobre este aspecto hay temas que son de muchísima sensibilidad, veamos lo que dice el Capitulo de Inversión con relación a las reclamaciones o arbitrajes:
Artículo 10.16: Sometimiento de una Reclamación a Arbitraje
1. En caso de que una parte contendiente –digamos un americano o una empresa americana- considere que no puede resolverse una controversia relativa a una inversión mediante consultas y negociación:
(a) el demandante, por cuenta propia, puede someter a arbitraje una reclamación en la que se alegue (i) que el demandado ha violado (A) una obligación de conformidad con la Sección A, (B) una autorización de inversión, o
(C) un acuerdo de inversión; y (ii) que el demandante –el americano- ha sufrido pérdidas o daños en virtud de dicha violación o como resultado de ésta; y (b) el demandante –el americano o su abogado (peruano), en representación de una empresa –americana- del demandado que sea una persona.
Pongamos un ejemplo para interpretar este contenido: Si un inversor –contendiente americano- considera que tiene una controversia respecto de una inversión futura en el Perú, en la figura de incumplimiento de obligación (según A), autorización de inversión, o sea que pretende invertir pero aún no invierte y solamente basta que comunique esa pretensión y no se le atiende digamos con una licencia municipal o similar (según B), y finalmente se incumple un acuerdo de inversión (según C); puede someter la controversia a Arbitraje, igualmente si se trata de interponer demandas ante los tribunales, regirá el Derecho Consuetudinario, en suma el derecho Norteamericano. Como la ven, ojo, entidades e instituciones nacionales, la espada de Damocles pende sobre sus cabezas y las multas y sanciones indemnizatorias penden sobre el Estado Peruano.
Las experiencias de México y Canadá nos muestran lo peligroso, que puede llegar a ser el TLC. Estos países han debido pagar cientos de millones de dólares en indemnizaciones. A los mexicanos les prometieron lo mismo que hoy nos ofrecen a nosotros y después, aumentó la pobreza y el desempleo, no hubo crecimiento, depredaron el medio ambiente, no respetaron los derechos rurales y maniataron al pueblo.
Antes, las potencias solían abrir los mercados al libre comercio mediante el expeditivo recurso de los cañonazos. Hoy parece bastarles asistir sonrientes al patético espectáculo de abrazos, risitas complacientes y recíprocas felicitaciones de presidentes, ministros y empresarios de países de esquina con vista al mar, que creen haber encontrado la clave del acceso al primer mundo, mediante el expeditivo recurso de entregarse en cuerpo y alma a la potencia de turno, tal como en su momento hicieron los yanaconas con los invasores de reluciente armadura provenientes del otro lado del charco.
El fervoroso entusiasmo de la clase política y las cúpulas empresariales, debiera alertar a los trabajadores y a los peruanos de a pie, quienes no han recibido tarjeta de invitación a la fiesta, pese a que inevitablemente cargarán con los efectos de la resaca.
El irritante chauvinismo del discurso oficial proclama que el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos de Norteamérica establece un punto de inflexión después del cual la historia de Perú cambiará de manera irrevocable. La tarea del momento consiste en hacerles sentir a los vendedores de soberanía, que la aprobación de un tratado de semejante naturaleza, sin la necesaria discusión y participación de todos los peruanos, y sin las debidas salvaguardias del interés nacional, importará un crimen de lesa patria por el cual deberán rendir cuentas ante la historia, no por el tratado en si, sino por la forma como lo hicieron, sin un adecuado marco de negociación, sin conocimiento de lo discutido, sin preparar un escenario mas favorable en el ámbito nacional y en el continental (Sudamerica), sin haber generado condiciones para una mayor equidad, competitividad y arrastre.
Una cosa es la integración de las economías nacionales en un mercado ampliado por el desarrollo de las fuerzas productivas, y otra muy distinta es hacerlo en condición subordinada, como furgón de cola de un sistema imperial que necesita, como buzo el oxígeno, la liberalización de los mercados para el triple proceso de la expropiación de valor por la vía de la absorción de materias primas, la colocación de excedentes productivos y la circulación ampliada de capital financiero.
MODELO PRIMARIO EXPORTADOR
Llevar materia prima a precio huevo y retornarla con valor agregado es el gran negocio de acopiadores e intermediarios, y ello con las ventajas de que al retornar un producto hecho con materia prima peruana -por la que se paga poco- regresa con etiqueta americana a precio de ganancia. De las múltiples repercusiones concernidas, que no sólo aconsejan, sino exigían, una discusión democrática sobre los alcances del TLC con Estados Unidos, o más bien con USA, este comentario se hará cargo de algún aspecto.
El primero de ellos remite a la petrificación del modelo primario exportador, fundado en las ventajas comparativas de los recursos naturales, como estrategia de desarrollo, o más propiamente, de crecimiento asociado a los ciclos del capitalismo central.
Resulta alucinante revisar las alegres cuentas acerca de los productos beneficiados por el TLC: una que otra fruta, espárragos, espárragos y mas espárragos, eventualmente algunos productos de manufactura artesanal y ¡oh prodigio!, productos con algún grado de elaboración, mientras que otros productores, como los de lácteos y productos agroindustriales en general, se dan de puñaladas por no haber conseguido cuotas de exportación o plazos de desgravación en las mismas condiciones que los primeros.
Hasta aquí todo es perfecto en el mejor de los mundos, salvo el pequeño detalle de que un modelo primario exportador basado en las ventajas comparativas de los recursos naturales es el más cómodo y fácil en lo que respecta a la formación de capital, lo que por lo demás cae como anillo al dedo a la mentalidad rentista que históricamente ha distinguido a las miopes y mezquinas élites nacionales; el más insolidario y desigual en la distribución del ingreso; el menos intensivo en la generación de mano de obra, el más vulnerable a los capitales golondrina y el más dependiente de los ciclos externos de la economía internacional y de variables incontrolables como niveles de precios y competencia de otras economías con superiores ventajas comparativas, tales como grandes superficies de cultivo o menor retribución a la mano de obra, ejemplo clásico de lo cual es el caso de China.
EXPORTACION SIN VALOR AGREGADO
Por el simple peso de su lógica interna, un tratado de libre comercio con Estados Unidos en las condiciones públicamente conocidas, tenderá a fijar esta estrategia de crecimiento como la única posible, modelo primario exportador, del mismo modo como levantará obstáculos insalvables para estrategias alternativas, tales como la industrialización, la agregación de valor o el desarrollo de determinadas áreas de tecnologías de punta. Esto es así por el simple efecto de la ley de la gravedad. Perú podrá colocar algunas productos de grandes acopiadores y otras pelotudeces por el estilo, sólo posibles de producir por propietarios de tierras, en el atractivo mercado norteamericano, especialmente en los contraciclos estacionales, pero difícilmente podrá exportar electrodomésticos, artículos de oficina, productos de la industria gráfica y la impresión, desarrollo de software en cualquiera de sus áreas, productos metalmecánicos y en general, cualquier producción asociada a la incorporación de valor o a los bienes de capital. Por el contrario, y en virtud de la misma ley de la gravedad, estos productos y servicios caerán como avalancha sobre el reducido mercado nacional a precios de ocasión y sin competencia posible. Esto es tan evidente que no pudo ser sino advertido en la letra chica del exultante mensaje presidencial: "exportaremos más, llegaremos con nuestros productos al mercado más grande del mundo, y también tenemos los peruanos que aceptar que lleguen acá más productos del extranjero".
MENOS TRABAJO PARA MAS PERUANOS
Este punto conduce al segundo aspecto de interés para efectos de este comentario: lo que el capital saluda entusiastamente como el mejor de los éxitos, es equivalentemente perjudicial para el trabajo y las clases asalariadas. La aprobación de un tratado de libre comercio con Estados Unidos en las condiciones conocidas, será altamente lesiva para el interés de los trabajadores por varios órdenes de razones. En primer lugar, la indiscriminada apertura a todo tipo de producción tenderá a liquidar lo poco que queda de mediana y pequeña industria, que como se sabe, absorbe más del ochenta por ciento de la ocupación nacional. Pero, en lo fundamental, porque el torpe y mezquino empresariado nacional tenderá a adaptarse a las nuevas condiciones competitivas por el único mecanismo que domina a la perfección, esto es, el ajuste estructural, que, como se sabe, no es otra cosa que transferir el costo del ahorro a la reducción de la participación del trabajo. De esta manera, y cabe apostarlo sobre seguro, a pretexto del mejoramiento de la productividad requerido por las nuevas condiciones competitivas impuestas por el TLC, la derecha y el empresariado no tardarán en reponer con fuerza la exigencia de la "flexibilidad laboral", el eufemismo de moda para encubrir el manotazo contra todos los aspectos de la legislación laboral que tienden a proteger los derechos de los trabajadores.
De lo dicho hasta aquí no cabe inferir una oposición cerrada a la integración, proceso que por lo demás corresponde a la actual etapa de evolución histórica. Pero lo que cabe es hacerlo en condiciones que beneficien a toda la comunidad nacional, y no en aquellas que sólo tenderán a reproducir y profundizar las inequidades y desequilibrios del actual modelo.
SIN INFRAESTRUCTURA NO HAY COMPETITIVIDAD
Entendemos por competitividad a la capacidad de una organización pública o privada, lucrativa o no, de mantener sistemáticamente ventajas comparativas que le permitan alcanzar, sostener y mejorar una determinada posición en el entorno socioeconómico.
Entonces, las preguntas que caen por si solas son: ¿somos competitivos?, ¿tenemos ventajas comparativas?
Como podemos comprobar, solamente un sector reducido de la producción peruana, léase, grandes empresarios; que han desarrollado agroindustria o industria de exportación podrían tener algún tipo de ventaja comparativa, no necesariamente tenerla por producir con tecnología, es decir con infraestructura tecnológica y de comunicaciones, carreteras, aeropuertos, puertos, etc. ¿Y el resto del país, que?
Por mas esfuerzo que se haga en producir a menor costo, para ganar competitividad, si no se tiene infraestructura de transporte en óptimas condiciones, los productos producidos no llegarán a los mercados en su debido tiempo, corriendo el riesgo de malograrse o tener que insumir mayores costos de producción por efectos de tratamientos especiales de frío o calor, en cámaras especiales. De allí que otra reflexión es ¿porqué el estado propició la generación y el establecimiento de grandes empresas en la franja costera y no en la sierra o selva? Respuesta, falta de infraestructura de comunicaciones y de infraestructura tecnológica. El olvido y abandono de “cholos” y de “selváticos”.
Lo que está listo y fácil para los amigotes y potentados, el resto que se joda. Pero para ese resto, que es la mayoría debiera ofrecerse una redistribución de mayores cuotas de infraestructura, básicamente con la construcción de inmejorables vías de comunicación, carreteras de primer orden con superficie de rodadura adecuada a una ininterrumpida transitabilidad, puertos y aeropuertos, electrificación rural, masificación de tecnología de las comunicaciones y de la información basados en Internet, programas de capacitación, enseñanza y aprendizaje de duración sostenida, en suma un compromiso despartidarizado por parte del Estado Nacional, Regional y Local con el desarrollo nacional de infraestructura, que es una forma de redistribuir la riqueza para todos. Sólo así miraremos la luz en el fondo del túnel, al fin y al cabo ahora tenemos recursos y saber invertirlos es la clave y el quid del asunto.
Economista: Francisco Chávez.
fchavez16@hotmail.com
Fuente: Información web diversa, comentarios y añadidos propios
El tratado de libre comercio, TLC, no solamente se refiere al comercio entre EEUU y Perú, sino que también es un tratado de inversión – claro se refiere a las inversiones que harán los estadounidenses o sus empresas, o sus socios, en el Perú.
Ante todo, las materias y los resultados del Tratado de Libre Comercio se han mantenido ocultos a la opinión pública y a los afectados. El documento de más de 1000 páginas, de tediosa lectura, para el común de las gentes, es prácticamente desconocido y lo más probable es que solamente se lleguen a conocer sus generalidades, pero no los aspectos fundamentales de la negociación. Esas generalidades son: Habrá más trabajo para más peruanos, vamos a vender más, los peruanos nos beneficiaremos, tendremos a nuestra disposición el mercado de la mayor potencia del mundo. Ya sabemos que de esas generalidades no se nutrirá el poblador rural que vive en extrema pobreza, ni aquel que vive desconectado de la realidad citadina, compensarlos rápidamente y con urgencia es un imperativo moral del Estado.
UNA SUPRA LEGISLACION Y EL DERECHO CONSUETUDINARIO
El Tratado estará por sobre nuestra Constitución, ya que Estados Unidos le otorga mayor jerarquía que a las leyes nacionales. Por ejemplo, si llegaran a existir disputas respecto a algunos de los puntos que abarca el acuerdo, los norteamericanos pueden demandar al Estado en tribunales extranjeros, regidos por el Derecho Consuetudinario. Sobre este aspecto hay temas que son de muchísima sensibilidad, veamos lo que dice el Capitulo de Inversión con relación a las reclamaciones o arbitrajes:
Artículo 10.16: Sometimiento de una Reclamación a Arbitraje
1. En caso de que una parte contendiente –digamos un americano o una empresa americana- considere que no puede resolverse una controversia relativa a una inversión mediante consultas y negociación:
(a) el demandante, por cuenta propia, puede someter a arbitraje una reclamación en la que se alegue (i) que el demandado ha violado (A) una obligación de conformidad con la Sección A, (B) una autorización de inversión, o
(C) un acuerdo de inversión; y (ii) que el demandante –el americano- ha sufrido pérdidas o daños en virtud de dicha violación o como resultado de ésta; y (b) el demandante –el americano o su abogado (peruano), en representación de una empresa –americana- del demandado que sea una persona.
Pongamos un ejemplo para interpretar este contenido: Si un inversor –contendiente americano- considera que tiene una controversia respecto de una inversión futura en el Perú, en la figura de incumplimiento de obligación (según A), autorización de inversión, o sea que pretende invertir pero aún no invierte y solamente basta que comunique esa pretensión y no se le atiende digamos con una licencia municipal o similar (según B), y finalmente se incumple un acuerdo de inversión (según C); puede someter la controversia a Arbitraje, igualmente si se trata de interponer demandas ante los tribunales, regirá el Derecho Consuetudinario, en suma el derecho Norteamericano. Como la ven, ojo, entidades e instituciones nacionales, la espada de Damocles pende sobre sus cabezas y las multas y sanciones indemnizatorias penden sobre el Estado Peruano.
Las experiencias de México y Canadá nos muestran lo peligroso, que puede llegar a ser el TLC. Estos países han debido pagar cientos de millones de dólares en indemnizaciones. A los mexicanos les prometieron lo mismo que hoy nos ofrecen a nosotros y después, aumentó la pobreza y el desempleo, no hubo crecimiento, depredaron el medio ambiente, no respetaron los derechos rurales y maniataron al pueblo.
Antes, las potencias solían abrir los mercados al libre comercio mediante el expeditivo recurso de los cañonazos. Hoy parece bastarles asistir sonrientes al patético espectáculo de abrazos, risitas complacientes y recíprocas felicitaciones de presidentes, ministros y empresarios de países de esquina con vista al mar, que creen haber encontrado la clave del acceso al primer mundo, mediante el expeditivo recurso de entregarse en cuerpo y alma a la potencia de turno, tal como en su momento hicieron los yanaconas con los invasores de reluciente armadura provenientes del otro lado del charco.
El fervoroso entusiasmo de la clase política y las cúpulas empresariales, debiera alertar a los trabajadores y a los peruanos de a pie, quienes no han recibido tarjeta de invitación a la fiesta, pese a que inevitablemente cargarán con los efectos de la resaca.
El irritante chauvinismo del discurso oficial proclama que el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos de Norteamérica establece un punto de inflexión después del cual la historia de Perú cambiará de manera irrevocable. La tarea del momento consiste en hacerles sentir a los vendedores de soberanía, que la aprobación de un tratado de semejante naturaleza, sin la necesaria discusión y participación de todos los peruanos, y sin las debidas salvaguardias del interés nacional, importará un crimen de lesa patria por el cual deberán rendir cuentas ante la historia, no por el tratado en si, sino por la forma como lo hicieron, sin un adecuado marco de negociación, sin conocimiento de lo discutido, sin preparar un escenario mas favorable en el ámbito nacional y en el continental (Sudamerica), sin haber generado condiciones para una mayor equidad, competitividad y arrastre.
Una cosa es la integración de las economías nacionales en un mercado ampliado por el desarrollo de las fuerzas productivas, y otra muy distinta es hacerlo en condición subordinada, como furgón de cola de un sistema imperial que necesita, como buzo el oxígeno, la liberalización de los mercados para el triple proceso de la expropiación de valor por la vía de la absorción de materias primas, la colocación de excedentes productivos y la circulación ampliada de capital financiero.
MODELO PRIMARIO EXPORTADOR
Llevar materia prima a precio huevo y retornarla con valor agregado es el gran negocio de acopiadores e intermediarios, y ello con las ventajas de que al retornar un producto hecho con materia prima peruana -por la que se paga poco- regresa con etiqueta americana a precio de ganancia. De las múltiples repercusiones concernidas, que no sólo aconsejan, sino exigían, una discusión democrática sobre los alcances del TLC con Estados Unidos, o más bien con USA, este comentario se hará cargo de algún aspecto.
El primero de ellos remite a la petrificación del modelo primario exportador, fundado en las ventajas comparativas de los recursos naturales, como estrategia de desarrollo, o más propiamente, de crecimiento asociado a los ciclos del capitalismo central.
Resulta alucinante revisar las alegres cuentas acerca de los productos beneficiados por el TLC: una que otra fruta, espárragos, espárragos y mas espárragos, eventualmente algunos productos de manufactura artesanal y ¡oh prodigio!, productos con algún grado de elaboración, mientras que otros productores, como los de lácteos y productos agroindustriales en general, se dan de puñaladas por no haber conseguido cuotas de exportación o plazos de desgravación en las mismas condiciones que los primeros.
Hasta aquí todo es perfecto en el mejor de los mundos, salvo el pequeño detalle de que un modelo primario exportador basado en las ventajas comparativas de los recursos naturales es el más cómodo y fácil en lo que respecta a la formación de capital, lo que por lo demás cae como anillo al dedo a la mentalidad rentista que históricamente ha distinguido a las miopes y mezquinas élites nacionales; el más insolidario y desigual en la distribución del ingreso; el menos intensivo en la generación de mano de obra, el más vulnerable a los capitales golondrina y el más dependiente de los ciclos externos de la economía internacional y de variables incontrolables como niveles de precios y competencia de otras economías con superiores ventajas comparativas, tales como grandes superficies de cultivo o menor retribución a la mano de obra, ejemplo clásico de lo cual es el caso de China.
EXPORTACION SIN VALOR AGREGADO
Por el simple peso de su lógica interna, un tratado de libre comercio con Estados Unidos en las condiciones públicamente conocidas, tenderá a fijar esta estrategia de crecimiento como la única posible, modelo primario exportador, del mismo modo como levantará obstáculos insalvables para estrategias alternativas, tales como la industrialización, la agregación de valor o el desarrollo de determinadas áreas de tecnologías de punta. Esto es así por el simple efecto de la ley de la gravedad. Perú podrá colocar algunas productos de grandes acopiadores y otras pelotudeces por el estilo, sólo posibles de producir por propietarios de tierras, en el atractivo mercado norteamericano, especialmente en los contraciclos estacionales, pero difícilmente podrá exportar electrodomésticos, artículos de oficina, productos de la industria gráfica y la impresión, desarrollo de software en cualquiera de sus áreas, productos metalmecánicos y en general, cualquier producción asociada a la incorporación de valor o a los bienes de capital. Por el contrario, y en virtud de la misma ley de la gravedad, estos productos y servicios caerán como avalancha sobre el reducido mercado nacional a precios de ocasión y sin competencia posible. Esto es tan evidente que no pudo ser sino advertido en la letra chica del exultante mensaje presidencial: "exportaremos más, llegaremos con nuestros productos al mercado más grande del mundo, y también tenemos los peruanos que aceptar que lleguen acá más productos del extranjero".
MENOS TRABAJO PARA MAS PERUANOS
Este punto conduce al segundo aspecto de interés para efectos de este comentario: lo que el capital saluda entusiastamente como el mejor de los éxitos, es equivalentemente perjudicial para el trabajo y las clases asalariadas. La aprobación de un tratado de libre comercio con Estados Unidos en las condiciones conocidas, será altamente lesiva para el interés de los trabajadores por varios órdenes de razones. En primer lugar, la indiscriminada apertura a todo tipo de producción tenderá a liquidar lo poco que queda de mediana y pequeña industria, que como se sabe, absorbe más del ochenta por ciento de la ocupación nacional. Pero, en lo fundamental, porque el torpe y mezquino empresariado nacional tenderá a adaptarse a las nuevas condiciones competitivas por el único mecanismo que domina a la perfección, esto es, el ajuste estructural, que, como se sabe, no es otra cosa que transferir el costo del ahorro a la reducción de la participación del trabajo. De esta manera, y cabe apostarlo sobre seguro, a pretexto del mejoramiento de la productividad requerido por las nuevas condiciones competitivas impuestas por el TLC, la derecha y el empresariado no tardarán en reponer con fuerza la exigencia de la "flexibilidad laboral", el eufemismo de moda para encubrir el manotazo contra todos los aspectos de la legislación laboral que tienden a proteger los derechos de los trabajadores.
De lo dicho hasta aquí no cabe inferir una oposición cerrada a la integración, proceso que por lo demás corresponde a la actual etapa de evolución histórica. Pero lo que cabe es hacerlo en condiciones que beneficien a toda la comunidad nacional, y no en aquellas que sólo tenderán a reproducir y profundizar las inequidades y desequilibrios del actual modelo.
SIN INFRAESTRUCTURA NO HAY COMPETITIVIDAD
Entendemos por competitividad a la capacidad de una organización pública o privada, lucrativa o no, de mantener sistemáticamente ventajas comparativas que le permitan alcanzar, sostener y mejorar una determinada posición en el entorno socioeconómico.
Entonces, las preguntas que caen por si solas son: ¿somos competitivos?, ¿tenemos ventajas comparativas?
Como podemos comprobar, solamente un sector reducido de la producción peruana, léase, grandes empresarios; que han desarrollado agroindustria o industria de exportación podrían tener algún tipo de ventaja comparativa, no necesariamente tenerla por producir con tecnología, es decir con infraestructura tecnológica y de comunicaciones, carreteras, aeropuertos, puertos, etc. ¿Y el resto del país, que?
Por mas esfuerzo que se haga en producir a menor costo, para ganar competitividad, si no se tiene infraestructura de transporte en óptimas condiciones, los productos producidos no llegarán a los mercados en su debido tiempo, corriendo el riesgo de malograrse o tener que insumir mayores costos de producción por efectos de tratamientos especiales de frío o calor, en cámaras especiales. De allí que otra reflexión es ¿porqué el estado propició la generación y el establecimiento de grandes empresas en la franja costera y no en la sierra o selva? Respuesta, falta de infraestructura de comunicaciones y de infraestructura tecnológica. El olvido y abandono de “cholos” y de “selváticos”.
Lo que está listo y fácil para los amigotes y potentados, el resto que se joda. Pero para ese resto, que es la mayoría debiera ofrecerse una redistribución de mayores cuotas de infraestructura, básicamente con la construcción de inmejorables vías de comunicación, carreteras de primer orden con superficie de rodadura adecuada a una ininterrumpida transitabilidad, puertos y aeropuertos, electrificación rural, masificación de tecnología de las comunicaciones y de la información basados en Internet, programas de capacitación, enseñanza y aprendizaje de duración sostenida, en suma un compromiso despartidarizado por parte del Estado Nacional, Regional y Local con el desarrollo nacional de infraestructura, que es una forma de redistribuir la riqueza para todos. Sólo así miraremos la luz en el fondo del túnel, al fin y al cabo ahora tenemos recursos y saber invertirlos es la clave y el quid del asunto.
Economista: Francisco Chávez.
fchavez16@hotmail.com
Fuente: Información web diversa, comentarios y añadidos propios